lunes, 24 de enero de 2011

James Laughlin: Poemas

James Laughlin (1914-1997) Versiones E.M.-P.O.R




















El hombre


que escribe el poema
vive en otro planeta

lugar de donde envía
el poema a través de

el espacio y siempre
que él lo desee éste

llegará completo con
título y verso final

me limito a copiarlo
nada más y preguntar

quién es este hombre
que relación tenemos

imagino muchas cosas
nunca las respuestas




Algunos  venimos a vivir


dentro de sus cantos como en un
palacio diez veces más grande que Ver

sailles tantas habitaciones tantos
corredores la falange de per

sonajes y esas largas ga
lerías con sus interminables vis

tas de un  pasado que nadie más
ha visto tan bien o comprendido

inimaginables los espejos que se re
flejan unos en otros construyendo

las rimas entre las ideas sí
es la casa del padre de

muchas mansiones con su lugar para
cada uno de nosotros lugares para todos




James Laughlin (Octubre 30, 1914–Noviembre12, 1997) Poeta, traductor y editor, fundador de la mítica editorial  New Directions. Ha publicado: Another Country (1979); Selected Poems (1986); The House of Light (1986); Tabellae (1986); The Owl of Minerva (1987); Collemata and Pound As Wuz (1988); The Bird of Endless Time (1989); Collected Poems of James Laughlin (1992); Angelica (1992); The Man in the Wall (1993); The Country Road (1995); The Secret Room (1997) y A Commonplace Book of Pentastichs (1998).
Laughlin publicó su trabajo en pequeñas ediciones limitadas de autor que distribuía entre sus amigos. A partir de 1979 este conocedor de las lenguas clásicas fue rescatado por las generaciones más jóvenes y su obra entonces cobró inmediata popularidad en su país.





Esteban Moore: Patricio Lóizaga, la traducción de la mirada.

Patricio Lóizaga (1954-1995)







En Código secreto 1 y New York y otros poemas 2, los dos volúmenes de poesía que ha dado a conocer Patricio Lóizaga, el lector  enfrentará o podrá compartir, todo es cuestión de actitud, la voz del poeta; una que recurre al discurso poético para expresar aquello, que estima, no puede ser comunicado a través de otros géneros.
En su  Notas sobre  la experiencia poética 3, que sirve de introducción a su segundo libro, el autor manifiesta, no sin un dejo de humildad: “ Me atrevería a decir que mi género por definición es el ensayo y que no deja de sorprenderme la escritura poética.”
Entonces una pregunta queda flotando en el ambiente: ¿Por qué recurrir a la poesía como instrumento? Lóizaga, paulatinamente, bajo el haz de una luz incierta, “...donde cabrían el silencio/ el rumor de la vida, la rebelión invisible y todos los ríos...”4 contestará a este interrogante a través de sus textos poéticos. 
Su universo poético se rige por algunos pareceres explícitos: “Gozar,/ de la pobreza de las palabras, / Gozar,/ de los mínimos sonidos/  Gozar,/ de la inexpresividad de las palabras [...] “Hay otra belleza./ Hay otra sensualidad. / Hay otra libertad.” La puesta en escena de estos enunciados desafían “lo establecido por la tradición, la  que se funda en un supuesto consenso  de valores, valores que carecen de cualidades proféticas, pero que a pesar de ello,  logran imponer limitaciones a  la libertad creativa contemporánea” 5. Lóizaga está plenamente convencido que la tradición debe ser releída desde el presente, retraducida, y que las mejores traducciones, en este caso, son “aquellas que toman más distancia del original.”6    
Este fenómeno no es nuevo, se lo puede ubicar a finales de los cincuenta o comienzos de la década de los 60,  en pleno auge de la Guerra Fría; coincide con el desarrollo embrionario  de otro de los cambios que modificarán nuestra percepción del mundo, la transformación del ciudadano, portador de derechos inalienables, en un mero consumidor.
En ese período, un presentimiento comienza a apoderarse del espíritu de Occidente, la noción de Fin, personificándose en la muerte de los grandes relatos 7, la precariedad del arte y el agotamiento del estado de bienestar. La frontera existente entre la alta cultura y la cultura de masas es erosionada, pulverizada. En los días finales de 1965 Jorge Luis Borges afirmaría: “Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos, ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero...” 9
La belleza como ideal “enfrenta nuevas dificultades, es analizada desde una nueva óptica, la de los estudios culturales; un amplio campo interdisciplinario que involucra a la crítica literaria, la filosofía y las ciencias sociales”. 10  Esta disciplina no se preguntará de que manera el arte invoca lo trascendental o si un objeto en particular es bello. Se centrará en las circunstancias históricas en las cuales nació la idea de la belleza como valor trascendente y cuáles han sido las consecuencias de las  formas de pensamiento que guiaron este proceso. Este ideal  será puesto en duda pues existe la sospecha de que éste puede ser el vehículo adecuado para imponer identidad, absolutos o soluciones finales.
El campo de la poesía no permanece ajeno a estos problemas. Desde los lejanos días en que Ezra Pound comenzó a redactar sus Cantos, según su autor, una larga conversación: “ de los tiempos antiguos y los actuales, ambos a la vez, en síntesis  ,/ de los temas usuales  de conversación entre hombres de inteligencia...”11, un largo monólogo a varias voces en el que la antigüedad, el renacimiento y el mundo moderno son combinados bajo ningún principio en particular, provocándonos una  constante incertidumbre acerca de las nociones de tiempo y espacio; han sucedido muchas cosas.
La publicación de Aullido (Howl, 1955) de Allen Ginsberg, sin duda una de las personalidades del siglo XX,  es una de ellas. En él poeta apela, como lo solicitaba William Carlos Williams, a la imaginación del arte, uno de cuyos compromisos sería el de plasmar una nueva sensibilidad que dé cuenta de nuestra realidad. Esta búsqueda no tiene fin y constituye  “..la misión sin precedentes de nuestra cultura” afirma Daniel Bell. 13 El contexto en el que se realiza esta operación es móvil, cambiante, pleno de incertidumbre. Desde la década de los sesenta se han sucedido una serie episodios de intensidad variable que han  afectado definitivamente nuestra percepción del mundo y de las cosas.
El enfrentamiento que estructuró en buena medida el siglo XX, la contradicción fundamental, el conflicto del capital y el  trabajo, parece diluirse. El mundo en esta nueva instancia es denominado ‘un mundo unipolar’. “La imagen unipolar hace vacilar nuestra comprensión de la polaridad. Intentemos configurar lo que nombra esa imagen. Tenemos un centro dinámico, un centro aglutinante, que es el flujo del capital financiero. Del otro lado no hay un polo que organice: lo otro respecto del núcleo activo no es un polo; es una dispersión.” 14 
Es en este hábitat o geografía, paisaje o panorama,  o como quiera llamárselo, Loízaga quien intenta disolver su creciente perplejidad escribe de corrido: “ Las cosas son./Ontológicamente./ Más allá de lo que/ se diga sobre ellas. / Y sin embargo/ tanto gesto inútil / tanto ruido.” Luego encolumna sus palabras, las compone gráficamente sobre la página en blanco, descubre que puede diagramar el sentido. Se sorprende, como ya lo ha confesado, pero la sorpresa no es producto del hecho de estar escribiendo un poema. Todo lo contrario, ésta proviene de la propia escritura poética, de las posibilidades que le brinda el género: incorporar la pausa, el silencio. “La incorporación del silencio en el interior del lenguaje es una conquista de la poesía, una conquista trascendental que hace de la poesía un género único, el único para el cual el no decir puede alcanzar un valor incluso más alto  que el decir, el único donde el callar encuentra el modo de expresarse, un modo que tiene que ver con el misterio, con la angustia, con la desgarradora aventura de situarse del otro lado de la palabra.” 15
La poesía, por otra parte, no es para Lóizaga sólo otro medio de expresión, es la herramienta que él considera reúne las condiciones  para intentar la nominación de los cambiantes rostros de la realidad. La cual, desde su salvaje multiplicidad, establece cierto grado de pluralismo exigiendo necesariamente la atención del observador. Esta mirada percibirá las cosas y el mundo en sus distintas dimensiones, éstas tienen para él  un “anverso y reverso”, son “Uno y otro” simultáneamente, ni afirman ni niegan su contrario, o su diferencia.
La aceptación de la diversidad, su necesidad de representarla, las dificultades inherentes a este procedimiento, lo llevan a reconocer  los límites del lenguaje: "Palabras. / Le debo / ese severo respeto/ por la música / abstracción / imperfectible / a la que aspiramos / secretamente / casi todos quienes / con signos y símbolos/ siempre insuficientes/  conjeturamos sobre papel."  Esta desconfianza en el lenguaje y sus alcances, cuestión que obsesiona a buena parte de la poesía contemporánea, atraviesa el núcleo del pensamiento poético de poetas tan diversos como Octavio Paz y Alberto Girri y lo colocan notoriamente en la vecindad de Roberto Juarroz, quizás el más escéptico en este aspecto de los poetas latinoamericanos.  El escepticismo  en el caso de  Lóizaga es la resultante de un yo poético "...con pocas certezas / con muchos interrogantes [...] sin afirmaciones contundentes."  que infiere  la labilidad de los saberes, su falta de firmeza, que nuestro destino estaría signado por una eterna búsqueda de sentido; de allí su intento de ordenar el caos del mundo, hallar el "sentido del sinsentido", crear su propio orden arbitrario, establecer el reino de la palabra, constituir cierta subjetividad, traducir su propia mirada, indudablemente el impulso vital  que alimenta a la poesía contemporánea. 


 .  

1- Código secreto, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires 1991.
2-  New York y otros poemas, Emecé, Buenos Aires, 1999.
3-  New York y otros poemas, Emecé, Buenos Aires, 1999.
4- Paulina Vinderman, El Muelle, poema XVIII, Alción editora, Córdoba, 2003.
5- Donald Kuspit, The New Subjectivism, Art in the 80’s, Da Capo Press,  New York, 1993.
6- Edmund Wilson,  The New Yorker, June 2, 1962.
 7-La   Modernidad y su desencanto, Felipe Arocena, Vintén Editor,  
       Montevideo,     1991.        
8- Jorge Luis Borges, Sobre los clásicos, Otras Inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 1975.
10- Steven Taylor, Beauty Trouble: Identity and Difference in the Tradition of the Aesthetic, Civil Disobediences, Poetics and Politics in Action, editado por Anne Waldman  y Lisa Birman, Coffee House Press, Minnesota, 2004.
11- Ezra Pound, Canto XI,  The Cantos, Faber and Faber, Londres, 1986.
12- Paul Hoover, Postmodern American Poetry, Norton, New York, 1994.
13- Daniel Bell, The Cultural Contradictions of Capitalism, The 
           Public Interest, septiembre   de  1970.
14- Ignacio Lewkowicz, Instituciones perplejas; Pensar sin estado, Paidós, Buenos Aires,  2004.
15- Raúl Dorra, ¿Para qué poemas?, Crítica, N°90
           Universidad Autónoma de Puebla, México, 2002.









viernes, 21 de enero de 2011

Víctor Manuel Pinto: Poemas.

Víctor Manuel Pinto (foto Lyerka Bonanno)




















ONÁN

Se reduce la vida de un hombre
al pasar de la luz sobre la tierra,
y no le avergüenza dormir,
y ocupar su tiempo bostezando.

Un pájaro que come las semillas
y lleva dentro de sí en el aire
la forma en movimiento de un árbol.
Es el goce de alma que padezco.

Andar entre los cerdos sin subir
la cabeza, saber que estoy vivo
a causa del hambre, la sed y el sueño.

Hombre, a esto se reduce tu vida;
y engordas con tu leche a la muerte
en los cuartos, los baños y las manos.


OFRENDA

Los peces de la multiplicación
no conocieron los mares,
bajaron de la mano de Dios a la muerte.

Quizás al fin soy un prodigio
y abro la boca en sueños
respirando el mundo que no conocí

y  hablo como los que hablan bajo el agua
y la noche es una placenta
y pienso en mis padres
sobar la cubierta de mi nado.

Un milagro no se huele los sudores,
ni abre y cierra todo el día la boca,
las puertas, bosteza y se va.

Sin embargo sé de mí la pureza de la carne.

Alimenta al Demonio conmigo Señor,
para que no engorde.


LA CARTA DE JUDAS

Amor, debo entregar la ternura
que calmó el estrago que sufrí.
El pan que mordían los hombres
y la muerte se iba a las esquinas. 

Juro que todo el amor estuvo
en mis besos ¿viste que temblaba?
Hoy seré la fruta, el refugio 
para las moscas, un olor duro

en el aire. Que sea el cumplimiento
en mí, y para mí, amor, te ruego
unjas mi cadáver con aceites

y quémalo; mírame alumbrar la
tierra, como si tu cruz viviera
en donde brillan los girasoles.


EXAMEN

Dejar el cuerpo al impulso de los músculos
es una grosería. La piedra
es otra forma del viento
y al golpe del agua brota la transparencia.

Entrar en la ley no es salir de la carne.

Los árboles que forjaron la piedra
escuchan su ajetreo en la espuma,
reflejándose quietos sobre el agua.


APRENDIZ

Quise ser un hombre,
un buen hombre
que entendiera a mi Padre
y su mezclar de tierra
con nuestra carne.

y con mis hermanos fui la obediencia,
serví a los ritos y sacrificios
hasta que vino eso…
¿Cómo era que olían sus escamas?

Y me estiró el cuello con una caricia,
y me convirtió en una garza,
una bella garza
con linaje de las aves del principio.

Y qué desespero hay en todo esto
Padre,
y qué lejos tengo ahora
la cabeza del corazón.


EL MARINERO

                                                 al tío ermitaño
                                                 Jesús María Peña

El brazo con el tatuaje del ancla
me cuelga de la camilla.

¿Quiénes son estos?
Miden la luz de mi orina contra la del sol.

¿Por qué meten tanta agua a mis brazos?
Quieren hacerme lluvia
y que me vaya gastando
hasta dejarlos sin mi sombra.

Hoy caminé mucho la montaña,
había un mundo bajo las piedras
y me llamaron:
Jesús

Cuando esté en el astillero
y busque el viento hacia mi nombre
pónganme un mástil de Cristo.

Dios no se quiebra
y así no vuelvo.


REVERENCIA

Dame, rey de las piedras,
sólo una para cantear mi casa.

Sólo una vena
señor de los ríos,
para arrugarnos de hacer presente
el verbo de la ley.

Dame, padre de la mansedumbre,
tres sogas para amarrar
a mis animales de cuerno.

Tú, soberano de todo,
dame tan sólo un árbol,
una mesa, pan y agua.

Ella es la fruta, la carne y el vino.


REFUGIO

Debo acompañar
la parte de mí que se acobarda.
Ajustar la columna
y que los nervios del cuerpo
se orienten hacia los árboles.

Me cubro con una manta
y sigo el camino de los miedosos.
Entre ellos despierto tranquilo.

No con la vergüenza
de haber danzado bajo la luna
al aplauso de los hombres


MADUREZ

Un árbol es sobre la tierra.

En su ir ni siquiera va
y la paciencia colorea
la redondez del fruto

y al viento
suelta lo suyo
que le nombra. 

Un árbol sabe que todo
vendrá a sí por la tierra

y cambiará su corteza
y el color en las hojas.



Víctor Manuel Pinto (Valencia, Venezuela, 1982) Poeta, Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo, donde cursa un Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios Culturales. Trabaja en el Dpto. de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, donde dirige la revista POESÍA y es Coordinador del Encuentro Internacional POESÍA Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005) Mecánica (2007) y Caravana (2010). Ha obtenidos varios premios nacionales e internacionales por su trabajo poético. Poemas suyos han sido traducidos al árabe, inglés, portugués, e italiano. 


sábado, 8 de enero de 2011

Raymond Carver: Vos no sabés qué es el amor (una tarde con Charles Bukowski)

Raymond Carver (1938-1988)




















Vos no sabés qué es el amor
(una tarde con Charles Bukowski)



Vos no sabés qué es el amor
dijo Bukowski
tengo 51 años
y estoy enamorado de esa pendeja
me pegó fuertísimo
pero no te preocupés
ella también está enganchada
así debe ser mi viejo
yo me les meto en la sangre
y ya no pueden olvidarme
Tratan de alejarse
pero finalmente vuelven
todas ellas vuelven
salvo ésa
que dejé plantada
Me hizo llorar y mucho
bueno en realidad
en esos días
tenía la lágrima fácil
Por favor
no me dejes tomar bebida blanca
me pongo mal –me vuelvo despreciable
Yo podría sentarme con Uds.
hippies queridos
y chupar cerveza toda la noche
sí diez latas o más de esta cerveza, y nada
 –todo bien es como agua
Pero si tomo licor
empiezo a tirar gente por la ventana
ya lo he hecho
Vos no sabés qué es el amor
Porque no te has enamorado
así de simple
yo tengo esta mina joven
que es muy, muy hermosa
Ella me llama Bukowski
Bukowski repite con su voz
suave y melodiosa
yo le contesto QUÉ
Vos no sabés qué es el amor
te estoy tratando de explicar
y no me escuchás
Si el amor irrumpiera en esta habitación
y les pateara el culo
ninguno de Uds.
podría reconocerlo
En una época pensaba
que las lecturas de poesía
eran un modo de entregarte
Mirá yo tengo 51 años
conozco algo la calle
sé que significa una lectura
pero me dije Bukowski
cagarte de hambre
es la peor de las entregas
Entendéme nada es lo que debiera ser
Ese tipo –cómo se llama
sí ese tal Galway Kinnell
ví su foto en una revista
Tiene su pinta
pero es profesor
Cristo Dios imagináte eso
Pero Uds. También enseñan
y yo ya estoy insultándolos
qué voy a hacer
No  -no sé quién es
y ese otro menos
Todos son insectos
egos desproporcionados
Yo ya no hago muchas lecturas
pero ésos que construyen
una reputación
basada en 5 ó 6 libros
son todos unos insectos
BUKOWSKI dice ella
Por qué escuchás
música clásica todo el día
Eso te sorprende
no imaginás a una bestia como yo
escuchando música clásica
todo el día
Brahms Rachmaninoff Bartok Telemann
Carajo no puedo escribir en esta casa
Demasiado silencio muchísimos árboles
prefiero el centro de la ciudad
ése es mi ambiente natural
pongo mi radio en FM y la música
la música clásica fluye toda la mañana
y me siento frente a la máquina
y enciendo un habano
y lo fumo así de esta manera
así
INTENSAMENTE
Me digo Bukowski
sos un tipo con suerte
Bukowski viviste todo
sos un viejo con suerte
El humo azul flota
en la habitación y yo miro
a través de la ventana
observo la avenida Delongpre
Veo a muchas personas
caminando por las veredas
Apago el cigarro
aspiro profundamente
y comienzo a escribir
Bukowski esto es vida
Pienso
es bueno ser pobre
es bueno tener hemorroides
es bueno estar enamorado
Pero vos no sabés lo que es
Vos no sabés qué es el amor
Si la vieras comprenderías
todo lo que te quiero explicar
Ella imaginó
que fui a su casa
a encamarme
Ella adivinó mis intenciones
me lo dijo
Mierda tengo 51 años
ella sólo 25 y estamos enamorados
Ella es sumamente celosa
Jesús esta es la belleza total
Me dijo
que me arrancaría los ojos
si yo salía con otra mujer
Entendés esto es el amor
Que saben Uds.
Les voy a contar algo
he conocido a tipos en la cárcel
que tienen más estilo
que las personas
que vienen a esta universidad
a las lecturas de poemas
Son chupasangres
que quieren comprobar
si las medias del poeta
están limpias
si usa desodorante
Creánme no intento defraudarlos
Quiero que recuerden algo
en esta habitación hay un solo poeta
sólo un poeta esta noche en la ciudad
y ese poeta soy yo
Qué mierda saben Uds. de la vida
Qué saben de cualquier cosa
A quién de Uds. lo echaron del trabajo
Quién fajó a su hembra
A quién lo apaleó su hembra
A mí por ejemplo
me echaron de Sears Roebuck
cinco veces
y me recontrataron otras tantas
Trabajaba en los depósitos
ya tenía 35 años
y me echaron porque creían
que yo robaba galletitas
Sé de qué se trata
Estuve ahí
Tengo 51 años ahora y estoy enamorado
Esta pendeja me dice
Bukowski
le contesto siempre
QUÉ
Tenés la cabeza llena de mierda
BEBÉ vos sí que me comprendés
Ésta es la única hembra
hombre o mujer en este mundo
de la que aceptaré
comentarios de esta índole
Vos no sabés qué es el amor
Todas vuelven finalmente
salvo ésa de la que ya te hablé
Estuvimos juntos siete años
y nos chupamos todo absolutamente
Hay un par de dactilógrafos
esta noche en esta habitación
pero escasean los poetas y no me sorprende
Tenés que conocer el amor para escribir poesía
y….
Vos no sabés qué...
Ése es tu problema, el amor
Dame un poco de eso puro sin hielo
Bueno ya es hora de comenzar el espectáculo
Sí si ya sé lo que dije
Sólo un trago más
tiene buen sabor
Vamos quiero terminar esta lectura temprano
Y después no se descuiden
no se acerquen a las ventanas

(versión Esteban Moore)




Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, EEUU, 1938- Port Angeles, Washington, EEUU, 1988). Clatskanie era un pequeño pueblo a orillas del río Columbia  dedicado a la industria de la madera. Su padre, que trabajada en uno de los aserraderos locales afilando las hojas de las sierras, era alcohólico. Un buen narrador de historias, solía contarle  acerca de sus excursiones de pesca y caza y, sobre su abuelo, un personaje que para sobrevivir durante la Guerra de Secesión combatió para ambos bandos.
La familia Carver se mudó a Yakima, estado de Washington, donde Raymond terminó sus estudios secundarios. En su juventud su material de lectura preferido fueron las novelas de Mickey Spillane y las revistas dedicadas a las actividades y deportes al aire libre.  
En 1956, se casó con Maryann Burke, su novia de la secundaria, de dieciséis años de edad, quien estaba embarazada. En esos años, para sostener a su familia, Carver trabajó como empleado de limpieza, obrero en un aserradero, dependiente de farmacia y vendedor. Luego de tres años de pequeños fracasos en su ciudad natal, decide radicarse  con su mujer y sus dos hijos en Paradise, California. Aquí se inscribe en un taller de escritura creativa dictado por el novelista John Gardner. Esta experiencia fue decisiva en su vida. Muchos años más tarde  le confesó a Jay McInerney que durante toda su vida, mientras escribía, sentiría la presencia de Gardner,  aprobando  o desaprobando  las  palabras, frases y estrategias elegidas.
En 1963, finaliza sus estudios de literatura en la Universidad de Humbolt, California y  en la de Iowa.  En este  período de su vida caracterizado por la estrechez económica, empleos  mal pagos, la falta de tiempo para escribir y las dificultades para establecerse como escritor, el bourbon que lo acompañó durante décadas, se transforma en su único y exagerado consuelo.
En la década de los 70, ya convertido en un alcohólico de tiempo completo, sobrevive dictando talleres de escritura  en distintas universidades y publica sus dos primeros libros de cuentos. En una oportunidad coordinó junto a John Cheever un taller  en la Universidad de Iowa. Éste recuerda que lo único que hicieron bien ese semestre fue emborracharse. El 2 de junio de 1977 comienza a participar en reuniones de  Alcohólicos Anónimos y abandona definitivamente  la bebida.
En la década de los 80 varias cosas habrían de cambiar en su vida: se divorcia, forma pareja con Tess Gallagher - se casarían en Reno en 1988, dos meses antes de su muerte - y es nombrado profesor de literatura en la Universidad de Syracuse. El editor de Esquire, Gordon Lish, publica varios de sus cuentos, su círculo de lectores se expande continuamente y la crítica comienza a reconocer las virtudes de su prosa y de su poesía. Fue distinguido con el premio O.Henry; obtuvo la beca de la Fundación  Guggenheim y en dos ocasiones la del National Endowment for the Arts; el premio Mildred and Harold Strauss, otorgado por la American Academy and Institute of Arts and Letters; el Premio Levinson de poesía ; la Universidad de Hartford le otorga un doctorado; recibe el Premio Brandeis de ficción e ingresa  en la American Academy and Institute of Arts and Letters.
La tarea, de proporciones whitmaneanas,  que se impone Carver, un hombre que revitalizó el cuento corto  y el poema narrativo, es la de integrar a la tradición literaria de su país la vida y los sueños  de  obreros y empleados. Rescatar, expresar  la voz de todos aquellos que con sus salarios mínimos o cheques de desempleo, quedaban excluidos del sueño americano propuesto por la industria del cine, la televisión y la publicidad.
Su vida asumió visos paradojales, hijo de un obrero, pobre y alcohólico, vivió la mayor parte de sus días al borde de la exclusión social, hasta que en sus últimos años,   los complejos designios del destino lo transformaron en un escritor con un público devoto, admirado por sus pares  y miembro de la academia. A pesar de ello, nunca olvidó sus orígenes, ni de donde provenía la materia de sus historias.
En un artículo, La libreta de notas de un narrador, publicado en el New York Times en febrero de 1981, Raymond Carver narra que él no eligió las formas breves del cuento y el poema narrativo para expresarse, los adoptó por necesidad y urgencia. Lo hizo en una época en la que durante el día se desempeñaba como  dependiente en un comercio y, luego, en las primeras horas de la noche, baldeaba el salón de un restaurante y barría su playa de estacionamiento. Terminaba agotado recuerda, sólo podía escribir los sábados o domingos, siempre y cuando su mujer, que era  camarera, tuviera alguno de estos días libres para hacerse cargo de los hijos. Estos géneros, que ya no abandonaría, eran  los únicos  que le brindaban la posibilidad de  elaborar una idea y concluir el  texto en una sola jornada.
Finalmente, cuando todo indicaba que el sueño de disponer de todo su tiempo para escribir sería una realidad, no logró desarrollar su primera novela. En esta ocasión fue la vida la que se lo negó, murió de cáncer de pulmón a los 50 años de edad. 


En la elección de los géneros no existió la premeditación de una estrategia. En cambio sí la hubo en sus lecturas, una que  no le dio demasiada importancia a las recomendaciones de la academia, ni a las modas de la época surgidas de los medios universitarios. Noticias de ella están diseminadas en la gran cantidad de entrevistas que le realizaron. En ellas asimismo se  puede advertir que en el momento en que el interlocutor deseaba saber  más acerca de sus lecturas y las influencias que éstas tuvieron sobre su obra, desplegaba maniobras y tácticas de ocultamiento, destinadas a manipular los datos concernientes a este aspecto de su formación y oficio.
Negó enfáticamente  las influencias literarias. La única influencia que reconocía como escritor  era la del propio comercio de  la vida: criar los hijos, trabajar dos turnos, no tener para pagar la luz y el gas, o divorciarse. Éstas eran las cosas que según él habían modelado su escritura. No obstante y a  pesar de la convicción de su negativa, traza cuidadosamente el mapa de sus lecturas y deja indicios ciertos de como éstas funcionaron en el armado de su poética. 
La suya es una biblioteca que guarda tanto a cuentistas como a poetas, elegidos de acuerdo a su anhelo, el mismo que tuvo  Sherwood Anderson a principios del siglo XX, transformar nuevamente su país y el habla de su gente  en materia elocuente, significativa. Entre ellos se hallan narradores como Sherwood Anderson, Willian Faulkner, Ernest Hemingway; Tobias Wolff; Richard Ford, Donald Barthelme, Antón Chekhov; Flannery O'Connor; Eudora Welty y Willian Gass, y los poetas Ezra Pound, William Carlos Williams, Robert Frost, Galway Kinnell,  W.S. Merwin, Ted Hughes, C.K. Williams y Robert Hass, rodeados de los nombres ineludibles de la literatura universal, y de los libros de infinidad de poetas y cuentistas jóvenes  en quienes Carver decía hallar la frescura de la lengua.
Ellos compartieron con él el complejo proceso de su realización como escritor, uno que   adoptó como guía una frase de Ezra Pound  que copió en una ficha de 3 por 5 pulgadas y  conservó siempre en su lugar de trabajo: "la precisión del enunciado es la única y verdadera moralidad de la escritura". 



















Lautaro Ortíz: Poemas.

Lautaro Ortíz














 POEMA DEL SUEÑO QUE LA AMABAN

Esa mujer que duerme viene a cuento del sueño que la amaban.
Desde los pies a la cabeza era
una virgen limpia en los escalones del amanecer
paseando silenciosa
entre el tabaco del que escribe y la cabeza del que lee
totalmente entregados a la suerte del alfabeto los dos
con el sexo en alto como faroles en la humareda
y con la misma confianza sobre el final del cuento:

el que lee la ve dormir a su lado
el que escribe sueña que la amaba.


MONÓLOGO DEL QUE ESCRIBE

Tanto educar la lengua para hundirla finalmente en tu boca.
A la fuerza vas a creer en el idioma que escribo.

Recuerdes o no,
hay palabras incontables para hundirte toda la vida.

Voy a hacer con vos lo que oscuramente buscabas.
Coserte la boca taparte los ojos y sexuar.

Bajo la lámpara voy toda la noche voy a hacerte.

Hasta que entiendas de una vez este reflejo que me persigue:
un hombre que lía tabaco
sobre la mesa pulida por las mangas de la infancia.


EL QUE ESCRIBE Y LA ESCOPETA

1.
Conozco al que escribe.
Viaja con la escopeta apuntándose entre los ojos,
para que salga animal enfermo del espejo.

2.
Conozco al que escribe.
Siempre da la espalda.
¿Y si hay perros atrás?
¿Un hijo en el incendio?
¿La muerte de pie?
El que escribe inclina la cabeza hacia adelante
porque hacia adelante corre la sangre.

3.
¿Quién parió al que escribe?
La muerte no, mi madre menos.

Esa palabra.

4.
A juzgar por la poesía
el que escribe provoca resultados extraños.
Humea palpita o peor
Hace cenizas con el silencio.


5.
El que escribe lento pone al fuego un dolor.
La sangre regula el rojo vivo.

6.

El que escribe
alquitrana
quema alfabetos
aspira lo que queda
de la infancia.

En el paladar brota una hoja de menta.


EL QUE LEE Y LOS ESPEJOS

1.
El que lee inventa al que escribe.
Se dirá: palabras que atacan su cabeza.

Donde ve perfección
no hay más que huesos.

2.
No tiene escopeta entre los ojos.
El animal enfermo apenas si lo huele.

3.
El que lee empaña los espejos.


ES VERDAD LAUTRÉAMONT

Es verdad Lautréamont el asqueroso hocico del que lee.
Cada vez que la palabra remonta
olfatea los pasos del que escribe:

-No vaya a ser mucha la sombra (dice)

Es verdad: un poema se cierra cuando lo interrogan
se esconde entre los pechos dorados de alguna mujer
que abre su sexo para nadie.
Igual la muerte no muestra su cara.

-¿De qué me habla? (insiste)

Los recuerdos vienen y levantan sin aviso
           el párpado azucarado del paisaje.

El espejo sólo refleja la cabeza inclinada del que escribe.

El asqueroso hocico ejerce espionaje.
Página por página.
Es verdad: no se puede escribir con el corazón templado.

-¿De qué me habla? (grita)

Hay palabras que por la noche huyen espléndidas.


EN EL MERCADO DE LA ANÉCDOTA

Es hora de escribir.

La esposa que me llama se puede envenenar con mi lengua.
El trabajo pendiente se puede incendiar con mi infancia.
El hijo que me busca se puede ir con todos mis años.
Tengo que construir mi casa de tabaco
entregar lo que hice en vida:
para la muerte todo y siempre estará bien hecho porque
ni con un pie en la muerte se puede pisotear al pasado.
Es hora y escribir también pasa.
Es como intentar vender un ojo en el mercado de la anécdota.
Dar con el instante en que el agua se desliza
entre las piernas de toda mujer que lustra lo dorado
con el instante en que la piedra se arroja desde la fragilidad
de todo hijo que mira ventanas altas.
Y la puerta que encerró al beso.
Y el cuerpo que alfabetizó al silencio.
Y el sexo que se hizo sexo.

Veo alimentos que se pudren
sobre la mesa tendida bajo la sombra de mi cabeza
y cartas
libros.

Alguien en la calle huyendo de una presencia que amenaza.
Pero eso no es poesía.

Ahí se escucha el tren azulado llevándose a mi familia.

Y la casa queda a oscuras
mientras la infancia me circula en sangre
a la velocidad que pasa la muerte por el espejo.


INICIÁTICO

Y si mis hijas la vieran estoy seguro se les llenarían las manos de azúcar y andarían descalzas de una habitación a otra de un juguete a un baúl de un ropero a los vestidos. Si mis hijas la vieran pero yo no cuento dejo que corran en su asombro que patinen en su infancia que al fin de cuentas defiendan a gritos su territorio: muñeca, casa, padre, madre y la palabra dios como último recurso.


DE CAJÓN

Las malas lenguas de la muerte
son muchas como sus ojos
y rozan los labios del muerto.

Es el último embalaje.

Aduana de la madera triste y de la platería engarzada.

Una fábrica de borrar señales:

lo que llega muerto se va cadáver.
lo que llega blanco se va ceniza.


CAUSAS – CONSECUENCIAS

No se muere dulce de tabaco:
el flaco pulmón sugiere otras causas,
después de escupir en la olla nocturna:

La voz de una madre que desde el fondo exige
incendiar el basural de los años.


SUPOSICIONES

Póngase la muerte en mi lugar.
Zapatos de acero, esta musculatura
hijos entre los brazos mujer casa
boleto de ida y vuelta para esperar
los trenes demorados del dolor
(aunque nunca llegará ese beso azul y piadoso)
Póngase mis camisas, verticalmente
todos mis restos es decir
hágase la rabiosa voluntad del que siempre camina.

Demuestre, escriba, trabaje
experimente el deseo como historia familiar
padezca la risa del tiempo cuando la vida
se tira como papales por la espalda o
surge la imagen de un nadador ciego.
Haga el favor terrestre de reptar
soportar aliento que va
del debe al haber sido pero finalmente nunca.

Deje su traje de certeza, póngase en mí, esto es real.


APOLILLAIRE

Esta cabeza no duerme sola.
Latidos hay:
motores del orgasmo que rugen desde la infancia.
Mujeres ovacionando el sueño donde me pierdo descalzo.
Los pasos de la enfermera crujiendo con escarabajos en los bolsillos.
Acá también suenan timbres.
Voces, disparos.
Cuchillos hay, se afilan.
Relámpagos y tornos, agua que cae contra los ojos.
Trapos que hierven como animales se aparean.
Así es la noche cuando trabaja:
huesos trepanados del recuerdo.
Esta cabeza no duerme sola, nunca.
Tan perecida a un banco carpintero.


ORACIÓN

Esa virgen se queda en mi casa.
Amuleto que la lluvia dibujó contra el vidrio como hoja de menta,
pero que sin embargo se percibe como un virgen limpia y de pie.
Tiene los pezones duros como hocico de caballo o mejor
de animal negro percibiendo el miedo de la manada, pero no cabalga.
Tiene luna llena, mes de diciembre a su favor, pero no dice.
Es leve como el humo de mi tabaco.
Esa virgen se queda en mi casa
después de los alimentos en medio de la nada por hacer
con la casa bien a oscuras.
Si es imagen del insomnio:
sus ojos son un camión de carga que vienen a rellenar
           el pozo de mis noches.
Si es imagen de la memoria:
sus manos lían tabaco sobre la mesa pulida
           por las mangas de la infancia.
Si es imagen de la espera:
ella lava su pies en la pileta del sueño bajo hilo transparente
           de mis babas del diablo.
Esa virgen se queda en mi casa.
Como un rayo en un extensa plantación de tabaco.
Quiera que esta noche revele y negocie conmigo una señal.


POESIA

Buscando la palabra correcta
nadie termina dándole el orgasmo a la mujer correcta.
No es justo.
Pensar que en un abrir de ojos
ella puede cazar lo perdido con la punta de la lengua.

Así está.

Con las piernas abiertas a la nada.

(textos pertenecientes a Casa de Tabaco)


Casa de Tabaco, 2010. Diseño, Juan Soto.



Lautaro Ortiz (La Plata, Buenos Aires,  1973). Publicó en poesía “A estas horas y en este día” (1993), “Casa de tabaco” (2010) y el trabajo de investigación “Árabes. Poemas, crónicas y relatos en Sudamérica” (2003). Ejerce como periodista en varios medios y actualmente se desempeña como jefe de redacción de la revista de historieta Fierro.  

viernes, 7 de enero de 2011

Fernando Aínsa: Poemas.

Feranando Aínsa (foto Javier Alquezar, Teruel, España)









 

 

 

 

 

 

BUENAS NOCHES 

                                                                                                                                               —¡Buenas noches, tú! 

                                                                                                                                        —Si, es hora de dormir (Erik Knudsen)


Es más tarde de lo que crees.

Me dices “Buenas noches, tú!
 —Sí, es hora de dormir”
y soñar con el país hundido en aquella visión lejana.

Lo sabemos:
cada día menos posibilidades,
menos aplazamientos,
algún resto de promesa,
astillas de aquellas ilusiones.

Por eso no puedo dormir.

OLISQUEANDO

Yo sé que cuando no estoy a tu lado
hueles la almohada
donde descansan mis recuerdos
y resucitan sueños olvidados.

Mohín del rechazo con que los interpretas
creo respirar luego al recuperarlos.

Así,
como los perros,
olisqueando,
nos reconocemos
en la distancia que compartimos
noche a noche.

 

SOBREVIVIR AL OTRO

¿Dónde he leído
“No quisiera despertar suavemente la viuda que llevas dentro”?

Si me despierto en la noche
soñando lo indebido
espío tu respiración
            escudriño como oscila tu pecho en la sombra.
Entonces me quedo más tranquilo
Puedo reanudar mi pesadilla.

Si no sintiera tu palpitar
estaría tentado de acariciar tu mano,
            pero temo despertarte
o encontrarla inmóvil y fría.

No me gustaría tener que sobrevivir con tu recuerdo
No quiero asistir a tu incineración
No quiero recibir un frasco con tus cenizas
Sospecho que tú tampoco.

AQUEL A LO MEJOR UN DÍA

A lo mejor un día intentaré vivir tu vida
cuando tú ya no puedas hacerlo.

Abriré los libros que dejaste en lectura interrumpida
me disfrazaré con tu ropa y pintaré mis labios ante el espejo
con el carmín con que me sedujiste,
cubriré de falso rubor las mejillas y su aire demacrado
            con tus potingues ya rancios,
            disimulando ojeras
                                   (si puedo)
para seguir sin ti en el corso de la vida.

Hurgaré en los cajones de tu cómoda
            (intruso como nunca antes lo fuera)
            escarbando en tu pasado
y te soñaré
para intentar
            —¡por fin!—
comprender el secreto
            ¿por qué una noche tiré todo por la borda
            para seguir por treinta y tantos años tus pasos? 

CUANDO LA OIGO HABLAR…

Cuando la oigo hablar con los perros me conforto:
sé que sigue ahí
                        —en la cocina, el porche o el jardín,
                                   no importa dónde—
            su presencia me asegura de muchas otras cosas,
imponderables que mantienen la tela de araña donde me balanceo
sobre el vacío que me rodea.
                        Una tela que tejió con sutil sabiduría
                        en treinta y cuatro años de vida compartida.

Los llama,
dialoga con ellos,
porque de sus miradas obtiene la respuesta que yo,
            avaro, por no decir egoísta,
eludo darle, cuando debería susurrarle:
                                                           “Todavía te quiero”.


“POST TENEBRAS LUX”

ese resto de hotel en tu sonrisa
            Erik Knudsen

De Ginebra tengo el vértigo de ese cuarto del hotel descalabrado.
Fue una noche de hace muchos años.
Desde el ángulo de la cama revuelta
            sentada en la penumbra con las piernas abiertas
me invitas en silencio a perderme en la parte más sombría de tu cuerpo.

Un mareo,
una foto sin negativo para el recuerdo,
            eso me queda,
un modo de compensar el escalofrío de haber mirado aquella tarde
            en el parque de los Bastiones
los ojos de mármol de Calvino.

De Bodas de oro, que próximamente publicará ediciones El Copista Córdoba, Argentina.




Fernando Aínsa, escritor y ensayista uruguayo de origen aragonés. Fue

Autor, entre otros, de los ensayos Los buscadores de la utopía (1977); Identidad cultural de Iberoamérica en su narrativa (1986); Necesidad de la utopía (1990); La reconstrucción de la utopía (1998); Del espacio vivido al espacio del texto (2003); Reescribir el pasado. Historia y ficción en América Latina (2003); Del topos al logos. Propuestas de geopoética (2006). Autor de varios libros de ficción entre los que se destacan las novelas El paraíso de la Reina Maria Julia (2005) y Los que han vuelto (2009) y los relatos breves Travesías (2000) y Prosas entreveradas (2009).
En 2007 publicó su primer libro de poesía, Aprendizajes tardíos en Renacimiento (Sevilla) y en El Otro, El mismo (Mérida, Venezuela) con prólogo del poeta cubano Virgilio López Lemus. Actualmente tiene en prensa Bodas de Oro (Ediciones El Copista, Córdoba).
Es Miembro del Real Patronato de la Biblioteca Nacional de España, Académico Correspondiente de las Academias de Letras del Uruguay y de Venezuela. Ha recibido premios en Uruguay, España, Argentina y México. Ha sido jurado del Premio Rómulo Gallegos (Caracas), Juan Rulfo (París), Casa de las Américas (La Habana), José Donoso (Chile) y Premio Nacional de Ensayo (España). Recientemente ha sido objeto de un homenaje internacional. Los trabajos han sido reunidos en El intelectual y el escritor entre dos mundos, Lugares y figuras del deslazamiento (Madrid, Iberoamericana, 2010).