martes, 20 de agosto de 2013

Raymond Carver: Naturalmente.



Raymond Carver


















Naturalmente 

Un claro en las nubes.

El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
 solo y cargado de culpas?
Me pregunto.

Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.
         
 Hijo
 
Esta mañana me despertó una voz
que regresaba desde mi infancia.
La voz dice: ‘‘despertate’’,
y yo salto de la cama.
Es extraño, toda la noche, en mis sueños
yo busqué ‘ese’ bendito lugar
donde mi madre pueda vivir y ser feliz.
‘‘Si querés que enloquezca,
está bien,  si ése no es tu deseo,
por favor sacame de acá’’, repetía la voz.
Me reconozco único culpable.
Yo la mudé a esta ciudad que odia.
Yo alquilé la casa que odia, rodeada
de  vecinos que odia, llena de muebles
que odia.
‘‘¿Por qué no me diste la plata para que yo la
                                                          /gastara?’’
‘‘Quiero volver a California, ¡ahora!’’, grita la voz.
‘‘Voy a morir si me quedo’’. ‘‘¿Vos querés que
                                                               /muera?’’
gime la voz.

Esta mañana en el mundo,
no existen respuestas a esta pregunta
ni a ninguna otra.
Suena el teléfono y suena, no deja de sonar.
No me acerco al aparato, tengo miedo de oír una vez
                                                                           /más,
la pronunciación de mi nombre.
El mismo nombre que mi padre escuchó durante
                                                                /53 años.
Antes de abandonarnos en busca de su recompensa.
Murió después de decir: ‘‘llevá estas cosas a la
                                                     /cocina, hijo’’.
La palabra hijo emitida desde sus labios,
tembló en el aire para que todos la oyeran.


Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, EEUU, 1938- Port Angeles, Washington, EEUU, 1988). Fue distinguido con el premio O.Henry; obtuvo la beca de la Fundación  Guggenheim y en dos ocasiones la del National Endowment for the Arts; el premio Mildred and Harold Strauss, otorgado por la American Academy and Institute of Arts and Letters; el Premio Levinson de poesía; la Universidad de Hartford le otorga un doctorado; recibe el Premio Brandeis de ficción e ingresa  en la American Academy and Institute of Arts and Letters.
La tarea, de proporciones whitmaneanas,  que se impone Carver, un hombre que revitalizó el cuento corto  y el poema narrativo, es la de integrar a la tradición literaria de su país la vida y los sueños  de  obreros y empleados. Rescatar, expresar  la voz de todos aquellos que con sus salarios mínimos o cheques de desempleo, quedaban excluidos del sueño americano propuesto por la industria del cine, la televisión y la publicidad.